LA ERA DE LA SELFIE Y LA PÉRDIDA DE LA IDENTIDAD


Bendita la época en que podíamos estar horas y horas conversando alrededor de una mesa sin que un montón de aparatos cuadrados y alargados nos interrumpieran cada 5 segundos con sus notificaciones.

Dichosos los años en que no nos sentíamos los grandes pensadores, ni filósofos con frases de dos líneas, ni modelos a seguir, ni mucho menos celebrities pensando que tenemos un público que quiere conocer nuestras vidas, y, por tanto, cuyo deber moral es estar sube y sube fotos, videos y pensamientos, por más carentes de sentido que estos sean…

Grandes recuerdos de las convivencias en familia, con los amigos, cuando el objetivo principal de reunirse era hablar, bromear, reír, compartir… No así en la época actual, de la que ya no hay recuerdos, de la que poco se registra en la mente… ¿para qué? Se tomaron y publicaron 100 fotos y videos, aunque nadie recuerde qué se dijo ni qué pasó…

Vivimos una invasión (permitida y aceptada por nosotros mismos) de los dispositivos electrónicos inteligentes, de las redes sociales  -que según fueron creadas para acercar a la gente, pero las usamos para evadirnos del ahora-, de un ejército de datos y mensajes que demandan nuestra atención, que nos alejan del presente y rebasan nuestra capacidad de concentración y de comunicación profunda con quienes “estamos” en un momento dado.

Sin embargo, dentro de toda esa maraña de actualizaciones, notificaciones y mensajes recibidos hay un elemento del cual casi nadie escapa, al que pocos logran resistirse y al que veneramos y rendimos un culto superior, una herramienta de seis letras y que parece inofensiva, pero ante la que todos -sin temor a equivocarme- hemos sucumbido al menos una vez: la SELFIE.

El término selfie adquirió notoriedad en el año 2012, cuando los teléfonos inteligentes evolucionaron más allá de las fotografías convencionales, siendo equipados con una cámara frontal para que su dueño pudiera tomarse fotos a sí mismo, sin importar con quién se encontrara en ese momento. Así fue como la era de los smartphones dio un giro radical para dar paso a toda una industria del ego, del narcisismo, de la adicción a la atención y, por ende, a un grave trastorno de identidad.

¿Qué hay detrás de todas las selfies que vemos diariamente en redes sociales, principalmente en Facebook e Instagram, que, por su estructura, son el entorno natural de la selfie? El tema tiene mucha investigación, no es algo improvisado para este blog. A mayor cantidad de selfies publicadas mayor necesidad de afirmación externa, la cual, lamentablemente no siempre se obtiene por esta vía y resulta en frustración y resentimiento por parte de quien la busca. Del mismo modo se ha observado que quien tiene clara avidez a los autorretratos sufre un trastorno dismórfico corporal, es decir, se perciben completamente diferentes a como son en realidad: ya sea que: 1) Su falta de confianza en sí mismos es tal, que pueden pasar el día entero buscando lograr la selfie perfecta, o bien 2) se perciben a sí mismos mucho más atractivos de lo que realmente son, y sus publicaciones sólo buscan la satisfacción de su vanidad y admiración de los otros.

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Escribir una leyenda

Test para saber si soy adicto a las Selfies

  1. ¿Por lo menos 1 de cada 3 publicaciones que hago en mis redes sociales es una selfie?
  2. ¿Me tomo más de 3 selfies a lo largo del día, para reafirmar cómo me veo, aunque no las suba a mis redes sociales?
  3. ¿Me preocupa cómo me veo, y por ello debo tomarme mis propias fotografías, en vez de pedirle a alguien más que lo haga?
  4. ¿Tengo ansiedad por publicar lo que estoy haciendo, y siento que es mi deber compartirlo en mis redes sociales al menos 1 vez al día? No por mí, sino por todos mis seguidores…
  5. ¿No soy capaz de seguir una conversación en un evento social, cena, restaurante, o lugar exótico hasta que ya he subido una (o varias) selfies haciendo check-in en el lugar?

Si respondiste afirmativamente a por lo menos 3 de estas preguntas, temo decirte que sí tienes una clara adicción a las selfies, lo cual no es malo en sí mismo. En este punto conviene preguntarse ¿de dónde viene esa necesidad de autorretratarte? ¿Cómo te percibes a ti mismo(a), es decir, piensas que eres poco atractivo(a) y por ello cuidas en exceso cómo apareces en las fotografías? ¿O, por el contrario, tiendes a pensar que luces tan bien que, sin importar en dónde estés, lo más relevante de toda fotografía es tu propio rostro?

Entiendo de antemano que es odioso estarte preguntando todo esto, pero no tienes que hacerlo frente a nadie, es un ejercicio de conciencia interior. Vale la pena mencionar que los trastornos de identidad que resultan de la adicción a exhibirse en redes sociales, y principalmente a través de las selfies, conllevan múltiples consecuencias negativas, entre las principales:

  1. Inseguridad crónica, que se realimenta cada vez que se publica una nueva selfie, y que no tiene fin.
  2. Creación de historias en la mente acerca de quiénes son tus amigos y quiénes no, solamente porque le dieron un Like a tu selfie o no.
  3. Dar el poder a otros de sentirnos valiosos o no, atribuyendo ese valor a la cantidad de likes que obtiene cada foto compartida. No tener una sensación de valor propia.
  4. Pérdida de contacto con el presente, el aquí y el ahora, en lugar de disfrutar cada experiencia real, se le da más peso a una interacción virtual.
  5. Sacrificar el “relacionarse” realmente con otros, privilegiando las conexiones digitales, a las que se les da incluso más peso que a las personas con las que se está en un momento dado.

Y podríamos seguir enlistando consecuencias negativas de esta adicción a los autorretratos, al final todo redunda en lo mismo: Pérdida de Identidad.

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La identidad no se construye cuando vivimos más para los otros que para nosotros mismos. Cuando nuestro bienestar depende de lo que los demás piensen u opinen acerca de nosotros. Cuando preferimos dejar a la aceptación ajena la responsabilidad de decirnos quiénes somos, en lugar de definir qué queremos y luchar por ello. Cuando no ponemos esfuerzo en desarrollar un criterio para establecer qué es bueno para nosotros y qué no lo es. Cuando nos sentimos víctimas de lo que otros hacen y dicen, en lugar de reconocer que quienes decidimos somos nosotros. Cuando nos sentimos con derecho a la atención de los demás sin habérnosla ganado, e incluso nos ofendemos cuando no la obtenemos…

El tema da para mucho, sin embargo, mi tendencia al escribir siempre buscará apuntar hacia lo que sí está en nuestro control, y lo que podemos hacer para sentirnos mejor y, en este caso, a no renunciar a construir nuestra propia identidad, ¡a pesar de la era digital y de las selfies!

  1. Entiende que no eres tus fotografías, ni cómo luces en ellas, ni mucho menos cómo te perciben los demás. Eres mucho más que eso, y el día que lo descubras, nada importará cómo te ves en una fotografía.
  2. Si no quieres bajarte del tren tan exigente de las redes sociales y deseas continuar tu actividad, pero reconoces que eres adicto(a) a las selfies, ¿por qué no inviertes las proporciones? Es decir, toma fotografías de paisajes, de tus amigos, sé generoso(a) con otros y déjalos resaltar, y que 1 de cada 10 fotografías que compartas sea una selfie.
  3. Por mero ejercicio de resistencia, intenta que un día a la semana no abras ni compartas nada en ninguna red social. La elección del día está a tu consideración, pero podría ser precisamente cuando que te reúnes con tu familia para convivir, o cuando te juntas con tus amigos de toda la vida para una carne asada, una noche de juegos, vinos, etc.
  4. Sé objetivo(a) con respecto a la gente que te sigue, le da like y comenta lo que compartes en tus redes sociales. No todos ellos son tus amigos. Si no los ves, no los conoces, ni sabes lo que les importa, les preocupa o les afecta, mucho menos les des el poder de hacerte sentir valioso(a) por su respuesta a tus selfies.
  5. Busca proactivamente las interacciones reales. No te conformes con las amistades de Facebook, Twitter, Instagram, etc. Cultiva relaciones con gente real. Propicia momentos donde puedas conversar por horas, reír y compartir con gente que te importa sin tomar una sola fotografía ni publicarla. No renuncies a una experiencia humana.
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Fuente: https://www.fromthegrapevine.com

La vida fue buena por siglos antes de que llegaran las redes sociales. La tecnología en nuestra época ha avanzado tanto, que ya ni nos acordamos de cómo era la vida antes de los smartphones, las redes sociales y las selfies. Sin embargo, el problema no está en la existencia de estas tecnologías sino en el uso que se les da. Alguna vez un ser muy sabio me enseñó “La misma herramienta puede servir a buenos o malos objetivos: un bisturí en manos de un cirujano puede salvar vidas, pero en manos de un asesino puede terminar con ellas”. La tecnología no es mala en si misma, sino el uso irracional que se le da. ¿Por qué no somos más conscientes, más adultos, más responsables, y nos preguntamos qué objetivo buscamos con cada acción que tomamos en nuestro día a día? ¿Suena exhaustivo, cansado, aburrido…? Bueno, déjame decirte que si no cuestionas tus acciones ni tus motivos, entonces equivale a no haber evolucionado en la raza humana, y simplemente hacer y decir lo que los otros hacen y dicen, por imitación. La raza humana es la única que tiene el poder de preguntarse quién es, qué quiere y hacia dónde desea ir, pero pocos hacen realmente uso de él. Pero ¿qué crees? La identidad se construye a través de esas y otras preguntas. ¿Tú qué quieres para ti y para quienes te importan?

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Fuente: https://news.androidout.com

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10 comments

  1. Buen artículo y totamente adecuado a tiempos actuales, creo que si nos enfocamos más en el otro y menos en nosotros mismos la gente nos percibirá siempre bellos, todo tiene su momento y su espacio y los excesos son los que nos hacen perder la realidad.

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  2. Excelente artículo que cumple muy bien con su propósito de invitar a la reflexión. Me encantaría ver tu contenido, ideas y mensajes en otros formatos como video blogs!!

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  3. Me parece muy importante poner énfasis en la importancia de la relación humana real, fuera de las redes sociales, tal como mencionas en el artículo. El contacto humano es el que logra que las personas tomemos en su justa dimensión las buenas herramientas que son las redes sociales, sin llegar a pensar que existimos por ellas y para ellas. Sin duda hace falta concientizar de ello a la “generación de la Selfie”. Gracias Osvaldo por este artículo! Me ha hecho reflexionar.

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    • Totalmente de acuerdo Paco!! Debemos ser conscientes para no sacrificar la interacción humana Vs las conexiones digitales. Es muy fácil perderse en las herramientas que existen hoy en día, pero creo que para todos es notorio que la comunicación cara a cara va perdiendo calidad y frecuencia!

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  4. buen articulo, fortale mi postura de porque no me gustan las selfies. Tema de importancia a tratar en un mundo donde la tecnología impera sobre la naturaleza, donde el hombre olvida que la tecnología es solo un medio y no el eje rector de nuestras vidas. Saludos.

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  5. Muy bien escrito Osva. Creo que para profundizar en el tema de las relaciones humanas hay que leer dos obras fundamentales: Amor líquido de Z. Bauman y La agonía de Eros de Byung Chul-Han, ambas nutrirán la inquietud que pones en la mesa. Sigue escribiendo hijo y haciéndonos pensar.

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