LA PRÁCTICA DE LA PRUDENCIA EN TIEMPOS DE PANDEMIA


A todos nos altera pensar en la pandemia. A algunos más que otros. Aunque sigamos viendo a millones de personas haciendo su vida “normal”. Aceptémoslo, de unas semanas a la fecha el tema del Coronavirus, o bien, COVID-19, la epidemia global, la cuarentena, el aislamiento, el distanciamiento social, la “sana distancia” nos abruma, se desborda en todas nuestras redes sociales y medios de contacto; acompañados de múltiples frases que se han convertido en los emblemas de esta época y que quizá sigamos recordando al paso de muchos años. Algunas de ellas: #YoMeQuedoEnCasa #StayHome #EnCasa #YoTeCuidoTuMeCuidas #QuedateEnCasa y un sinfín de distintivos muy ad hoc al momento que vivimos.

Sin embargo, pareciera que en México todavía no “nos cae el veinte” y mucha gente sigue en las calles. Ojo, no hablo de aquellos a quienes su trabajo así se los exige, de quienes salen por verdadera necesidad. Es de no creerse, pero muchísimas personas -pudiendo evitarlo, es decir, sin necesidad- aún salen, se visitan unos a otros,  se van a comer a restaurantes, viajan, entran, salen de lugares, se saludan de beso, se dan abrazos. Eso sí, en los supermercados arrasaron con el papel sanitario, con las vitaminas, con los limpiadores, con el gel antibacterial, con los enlatados y no perecederos. Sin embargo, aún creen que por haberse abastecido, por lavarse las manos a un ritmo relativamente constante y -sobre todo- por no exhibir síntomas, por ser jóvenes y sentirse aceptablemente bien, que no pasa nada si entran de una casa a otra. No saben que pueden tener el virus y estarlo esparciendo a través de estornudos, de tos, incluso a través de su aliento. Este virus puede viajar en gotas microscópicas de saliva y pegarse en la cara de tu interlocutor, en la mesa donde comes, donde trabajas, en las manijas de las puertas, en todas las cosas que tocas, desde el control de la TV, tu tablet, el mouse de la computadora, tu teléfono inteligente, todo aquello que usas para comer, como cubiertos, platos, vasos, etc.

Esta mañana leía una crítica donde menciona que el mexicano común y corriente cree en fantasmas, en la brujería, en leyendas urbanas; pero no cree en algo tan científico y tan latente en todo el mundo como la pandemia del Coronavirus. ¿Qué hemos hecho mal? ¿Por qué es tan fácil menospreciar un problema sanitario de orden global que no se había presentado jamás en los años que tenemos memoria? Al menos nadie de todas las generaciones que aún están vivas el día de hoy recuerdan algo así.

¿Qué hace que hagamos como que no existe? ¿Quizá el hecho de que se evite tan “fácilmente”, tan solo con buenos hábitos de higiene? ¿Que apenas un 5% de los infectados desarrolle síntomas y reacciones graves? ¿Que en el lugar donde –oficialmente- se dio el primer brote ya ha sido controlado? Pero entiende… ¿Sabías que todo esto no es nada en comparación con la alta virulencia y el efecto multiplicador de su transmisión? Es por ello que se trata de una pandemia, es decir, un brote que no tuvo contención y se convirtió en un problema de salud global en menos de 90 días del primer enfermo identificado se ha extendido a casi todos los países del planeta, sumando a la fecha más de 1.3 millones de personas contagiadas y más de 75,000 muertes en todo el mundo. A ti, que me lees, ¿te parecen insignificantes estos números?

Pues bien, es tiempo de ser prudentes. Es tiempo de usar nuestra educación y poner el bien común en primer lugar. Y esto significa pensar más allá de mis propias necesidades, de mis deseos, de mis caprichos, de lo que “para mí está bien”. Que por mi ausencia de síntomas no voy a evitar esparcir el virus si soy portador y me muevo irresponsablemente de un lugar a otro. Es tiempo de aislarse, de estar en casa, evitando la concentración de personas dentro de mi propio hogar si es posible. Es tiempo de escalonar nuestras actividades con las de los otros miembros de la familia. De esperar a que desocupen una estancia para entrar yo en ella. De ceder la sala, el comedor, la cocina si no necesito estar ahí. ¿Por qué? Por prudencia, y esta se desarrolla de acuerdo a mi nivel de conciencia. Así de simple.

¿Te cuesta estar en aislamiento, dentro de tu habitación, tan solo con tus pensamientos? Bueno, he ahí un área inmensa de oportunidad de crecimiento y auto-conocimiento, para reflexionar y hacer introspección. Pero ese tema ya lo abordaremos después… Lo que trato de decirte es, piensa en todos, no sólo en ti. Nunca sabes si alguien de tu misma edad –o más joven- que parece saludable, pudiera contagiarse por ti, por tu falta de prudencia. ¿Te sentirías bien sabiendo eso?

Recientemente vi en redes sociales una publicación que más o menos decía así: “No te aísles para evitar contagiarte. No. Asume que ya te has contagiado, y te aíslas para evitar contagiar a otros”.

Prudencia, por favor. Ya tendrás muchos años para hacer tu vida como tú quieras sin negociarlo con nadie. Insisto, hoy debe prevalecer el bien común.

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2 comments

  1. Gracias!

    Por brindar una información, de alto nivel de conciencia y reflexión.

    Muy interesante.

    Le gusta a 1 persona

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