2020: ¿EL PLAN PERFECTO PARA LA DESHUMANIZACIÓN?


Si algo se ha consumado en estos tiempos de aislamiento, es la digitalización de las tareas. Sobre todo en contextos profesionales donde el tele-trabajo es posible. Si bien el home office o trabajo remoto ya era una realidad, digamos, de unos 15 años a la fecha, quizá unos 10 en Latinoamérica, esa “realidad” no había permeado aún en la dinámica cotidiana de las PyMES, era más bien algo observable en los grandes corporativos de empresas transnacionales. Nunca pensamos que una situación sanitaria a nivel mundial nos obligaría a optar por este camino, simplemente, porque no nos quedó de otra.

Es cierto, para muchos seguramente debió ser como cuando éramos niños y no queríamos dar el primer salto al agua, y nunca faltó alguien que nos lanzara desde el borde de la piscina así, sin más, sin avisar ni preguntar, sin siquiera pensar si nos ahogaríamos. Pero nuestro instinto de supervivencia es lo que nos hizo luchar contra el agua, lograr aquello que nunca nos imaginamos, pelear para salir de ahí. Realmente siempre encontramos la manera de salir. Eso es justamente lo que está sucediendo ahora. Este confinamiento que nos impide congregarnos, que nos exige mantenernos aislados dentro de nuestros hogares, tratando de hacer una vida “normal” recluidos incluso en nuestras habitaciones, equivale precisamente a eso: estamos buscando sobrevivir después de esa sacudida que nos lanzó al agua, quizá por vez primera. Muchos nos estamos enfrentando a una realidad que no sólo era desconocida para nosotros, sino que por muchas razones puede ser desafiante, compleja de sobrellevar e incluso angustiante.

Sin embargo, regresando al objetivo de este texto, una inquietud que –considero- debe ser puesta sobre la mesa es, ¿cómo se van a transformar las relaciones humanas de ahora en adelante? No sólo en la oficina o en el centro de trabajo, sino en la familia, con los amigos y con la pareja. No quisiera trivializar el hecho de que estamos en medio de lo que se conoce como una pandemia, y lo que se prevé como el inicio de una recesión global, pero ¿acaso será como dijo un ignorante presidente, al afirmar que esta enfermedad le vino “como anillo al dedo” a la sociedad? ¿Y anillo de qué? ¿de individualismo? ¿de aislamiento optativo? ¿de relaciones a distancia? ¿de equipos de trabajo remotos…? ¿De qué?

Porque todo mundo lo repite una y otra vez: la vida no volverá a ser la misma, la gente no volverá a ser la misma, la normalidad conocida hasta antes de esta pandemia no volverá. Y pensando desde esa postura, ¿qué tanto estamos viviendo un proceso de desvinculación de las relaciones humanas? ¿Hasta qué punto, una vez que todo esto “termine” -como muchos que así lo deseamos solemos decir- nos habremos habituado a una vida en solitario? Si, quizá con un cierto contacto social –el mínimo necesario- pero primordialmente digital. Todo a través de una pantalla, sin miedo a las infecciones, con la tranquilidad de que los virus no se transmiten ahí.

Y eso me lleva a la siguiente pregunta: ¿cómo merma nuestra calidad de vida la ausencia de contacto físico? Para mantenerlo simple, centrémonos en el abrazo. ¿Alguien se ha preguntado lo importante que es para la vida del ser humano dar y recibir abrazos? Está documentado que los seres humanos necesitamos de 4 a 12 abrazos diarios para mantener nuestra salud en estado óptimo, como lo propuso la psicoterapeuta familiar Virginia Satir.

En las últimas semanas han surgido todo tipo de teorías con respecto a la pandemia que se está experimentando en todo el mundo. Algunos lo ven como una estrategia de China para apoderarse de los mercados financieros globales colapsados por la pandemia; otros, por el contrario, aseguran que se trata del ataque de unos envidiosos y competitivos Estados Unidos de América hacia el coloso asiático, para desestabilizarlo y frenar su economía; hay quienes incluso presumen que se trata de la Tercera Guerra Mundial, una guerra sin bombas, pero con artillería invisible en la forma de un virus. Hasta el momento, y por la información que se tiene, sea cual sea la estrategia detrás de esta situación -si es que hay una-, la realidad es que el virus existe y ha terminado con la vida de cientos de miles de personas en todo el mundo. Sin embargo, independientemente de cualquier teoría conspirativa, sí hay efectos secundarios, no sabemos si planeados o no, pero uno muy importante, y que definirá el curso de la humanidad por el resto de la historia, es justamente el contacto humano. Aún no podemos dimensionar el impacto que esta pandemia tendrá en la forma en que los seres humanos nos relacionaremos a futuro, pero lo que sí es un hecho, es que nunca volverá a ser igual. Quizá todos preferiremos el aislamiento a las muchedumbres, la preservación en el hogar antes que la exposición social, la diversión digital en lugar de la presencial, las conexiones seguras y remotas antes que el riesgo de contraer enfermedades a través del contacto físico. O no.

¿Será este el momento que defina el curso de la humanidad para siempre?

Porque siendo realistas, es mucho más cómodo tener reuniones de trabajo y personales en pijama, desde casa, sin necesidad de traslados; sin los agobios de la vida cotidiana en medio del tráfico, en la jungla de una metrópoli. Hoy en día es posible dar paseos virtuales en parques y museos famosos sin salir de la cama; tomar cursos y conferencias con un par de clicks. Es más económico pedir comida con entrega a domicilio que arreglarse, salir, pagar gasolina, la cuenta, dejar propinas, etc. Hoy en día todo puede llegar a la puerta de nuestra casa y, cada vez más, la tecnología pone a nuestro servicio herramientas que nos evitan el “tener” que hablar, dialogar, negociar, coincidir con los demás. Con la tecnología de nuestro lado sólo hacemos transacciones. Es muy cómodo.

Si nos remitimos a esa frase de que la pandemia del Coronavirus vino “como anillo al dedo” ¿será justo para que nuestra sociedad global –y sobre todo los integrantes de las generaciones que representan el mayor número de consumidores y de la fuerza productiva en las próximas décadas, entiéndase millennials– perdamos la necesidad, o bien, el anhelo de la proximidad física, el contacto humano, y lo reemplacemos desde ahora y para siempre por comunicaciones virtuales? Posible es, y mucho. Las bases están puestas ya, y el tiempo que transcurra en que vayamos regresando paulatinamente a la “normalidad” definirá en gran medida qué tanto nos apegaremos a este nuevo estilo de vida digital. Sólo el tiempo lo dirá.

Categorías:Life, Millennial, Pandemia, Social Media, Vida Digital, Vida LaboralEtiquetas: , , , , , , , , , , , ,

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