¿CUARENTENA? SÍ, PERO DE OCHENTA DÍAS…


Sí, hoy se cumplen 80 días desde que el país en el que yo vivo (México) entró en pánico por las alarmantes cifras de contagios de COVID-19 a nivel mundial. Claro, para aquel entonces (primera mitad de marzo) no habían ni 30 personas contagiadas y hasta ese momento no se conocía ninguna muerte en nuestro país a causa del nuevo virus. No obstante, a partir de ahí iniciamos un camino que no tendría marcha atrás, un camino que transformaría nuestras vidas, un punto de no retorno.

Si tan sólo unos días antes hubiéramos sabido que se acercaba el momento en que no tendríamos libertad para salir y transitar nuestras ciudades, que no volveríamos a sentarnos en la mesa de un restaurante o de un café, a reunirnos con los amigos. Que los gimnasios y parques permanecerían cerrados por meses enteros, que no podríamos ir a visitar a nuestros familiares por el riesgo de exponerlos, sí, seguramente habríamos hecho un esfuerzo por disfrutar las pequeñas cosas que para nosotros ya estaban garantizadas, las que dábamos por hecho, y que ahora nos causan la más grande añoranza.

Sé que el hubiera no existe. Las hipótesis personales no caben en este tema. Sin embargo me gustaría hacer un recuento de las cosas que habría podido hacer mejor antes de la cuarentena, cuando vivía en un mundo completamente diferente al de ahora. Un mundo donde demasiadas cosas maravillosas pasaban invisibles ante mis ojos:

  • Salir a caminar por las tardes y contemplar más puestas de sol.
  • Usar menos el automóvil y transitar las calles de mi colonia, saludar a mis vecinos mientras me dirigía a la tienda o a comprar el periódico.
  • Aprovechar más los fines de semana. Hacer viajes cortos en carretera y conocer nuevos lugares. Salir a “pueblear”. Cambiar la pereza por entusiasmo y actividad.
  • Planear mis días y hacer un esfuerzo para tener una vida más balanceada. Distribuir mis tiempos para cumplir con mis metas laborales, físicas, de alimentación, de descanso y espirituales.
  • Disfrutar más a la gente que me rodea. Dejar a un lado la desidia y propiciar más reuniones y convivencias de calidad.
  • Tomar el aire fresco por las mañanas, por las tardes y por las noches. No hay nada que extrañe más que salir, sin miedo a contagiarme.

Los hubieras sólo son útiles si se toman decisiones. De nada sirve lamentarse y hacer una lista como la anterior (que podría ser interminable, sólo está ahí para poner un ejemplo de lo que cualquier mortal arrepentido podría pensar), si no se pondrán en marcha caminos diferentes. Para mi está muy claro que esas son tan sólo algunas de las primeras cosas que comenzaré a hacer –por supuesto, en la medida que este proceso de reacomodo lo permita- cuando el confinamiento realmente vaya terminando.

A colación de esto último, si bien estamos entrando en una etapa de “regreso a la normalidad” o, mejor aún, iniciando “la nueva normalidad” como les gusta llamarle hoy en día a la desescalada pandémica, los números actuales no son nada alentadores. En realidad, al menos en mi país, pareciera que apenas estamos iniciando la etapa más difícil en términos de salud, de crisis económica y también de seguridad. Todo indica que la reapertura de comercios y del tránsito en las ciudades se está propiciando precisamente para amortiguar la catástrofe económica que ya muchos vaticinan, y de la cual México es uno de los países con más gente desprotegida. Aquí no hay estímulos fiscales, ni condonación de obligaciones, ni mucho menos manutención para la población. Siendo México un país extraordinariamente rico, su pobre gobierno está así precisamente, bien pobre por decisión propia, y no puede ayudar a la población. Por lo tanto, no queda más opción que reabrir la economía -o al menos así se dice- e ir buscando la manera de continuar la vida coexistiendo con este virus, que para más, ha resultado tener una letalidad muy superior en México con respecto a otros países.

Es por ello que este confinamiento ha sido ya una ochentena, y el calendario seguirá contando. Veo muy difícil que en el futuro cercano podamos retomar la vida como se conocía antes de la contingencia sanitaria. Lo más recomendable es acostumbrarnos a mantener un estilo de vida moderado, tanto en actividades como en el aspecto económico. Es importante preservar la salud y hasta la vida manteniendo el aislamiento físico en la medida de lo posible, y evitar todo tipo de actividades que no sean indispensables, principalmente las de ocio que involucran grupos de personas. Por otro lado, y ante la incertidumbre de qué tan drástica será la crisis económica, es prioritario conservar nuestra liquidez. El consumo deberá ser mucho más consciente, y tratemos de no adquirir pasivos financieros si no son estrictamente necesarios. Es momento de mesura, ahorro y constante evaluación de cada decisión que se tome en todas las áreas de la vida.

Sin embargo, el tiempo en casa puede ser una fuente de riqueza intelectual y, claro, de nuevas oportunidades de negocio y nuevos rumbos profesionales, siempre que pongamos atención a nuestro entorno.

Entre las acciones que la cuarentena… perdón, la ochentena, nos permite desarrollar –no porque tengamos más tiempo que antes, sino porque hemos logrado obviar los traslados y el ajetreo de la “antigua normalidad”- hay algunas que si no has comenzado a propiciarte, sería bueno que lo consideraras y tomes alguna acción al respecto:

  • Estudio de nuevos conocimientos, que complementen o enriquezcan tu profesión. Ahora es el momento de incrementar nuestro capital intelectual, sí, leyendo y estudiando.
  • Tener presencia en todas las redes sociales y profesionales que puedas. Si nunca tuviste tiempo de investigar “cómo funciona” tal o cual red, ahora es el momento, siempre que vaya contigo y con lo que deseas hacer. Linkedin es un must.
  • Incrementa tus habilidades digitales. Todo ha migrado al mundo online. Si no eres capaz de presentar tus productos o servicios en medios digitales estás fuera de la competencia. Desde contar con una página web, perfiles de negocio en redes sociales, y aprender un poco de fotografía, diseño, marketing digital, edición de video, copywriting, gestión de webinars, incluso programación, podrían hacer la diferencia para estar vigente en un mercado cada día más competitivo.
  • Relaciónate. Bien lo han dicho, es aislamiento físico, no social. Hay mil maneras de conocer gente relevante en tu especialidad sin salir de casa. Esta es la oportunidad de tomar la iniciativa y dirigirte a quienes pueden convertirse en tus próximos mentores, socios de negocio, aliados comerciales, incluso clientes y proveedores.
  • Inspírate. Es el momento de encontrar modelos a seguir. ¿En qué tipo de persona te gustaría convertirte en este proceso de transición mundial, y cómo te gustaría salir al mundo una vez que el confinamiento haya terminado? ¿A quién admiras y de quién quisieras adoptar hábitos y estrategias? Observa.
  • Es momento de crear disciplinas que te hagan más eficiente de ahora en adelante. Desde un ritual de arranque diario, hasta una rutina de ejercicio; hábitos alimenticios, o incluso cómo segmentar tu jornada laboral para poner el enfoque donde debe ser.
  • Asegura tu salud, no sólo física sino también mental. Quizá jamás te diste tiempo de aprender a meditar o de hacer prácticas de relajación. Este es el momento ideal. Puedes encontrar montones de videos, audios y podcasts con el contenido adecuado para comenzar.
  • Desarrolla un hobby.  No todo es trabajo, no todo son negocios… Adopta un pasatiempo que te permita relajarte, aliviar el estrés, y ¿por qué no?, incrementar tu creatividad. Puede ser desde la lectura por mero entretenimiento, o bien, uno que te permita crecer en habilidades, como practicar pintura, jardinería, carpintería, fotografía, incluso la escritura.

Ya que por el momento no podemos predecir por cuánto tiempo continuará el confinamiento, nos corresponde hacer nuestra experiencia dentro de casa lo más llevadera que se pueda. Es recomendable conservar una visión con enfoque en el bien común (tema del cual ya he hablado en anteriores entradas, particularmente en La Práctica de la Prudencia en Tiempos de Pandemia), es decir, evaluar constantemente el impacto de nuestras decisiones, así sea para salir a algún lugar, la cantidad de compras que hacemos, dónde decidimos entrar, etc. Pregúntate, ¿cómo esto afecta a otros?

Esperemos que ya falte menos para regresar a las calles, a los parques, a los cafés, a las escuelas, a los abrazos… y que esta ochentena sea verdaderamente el punto de partida de una nueva -y mejor- normalidad.

Categorías:Life, Pandemia, Social MediaEtiquetas: , , , , , , , , , ,

4 comments

  1. Excelente análisis de la ochentena que nos trajo a la situación actual y el modo de atenuar sus efectos. Felicidades Osvaldo un placer leerte.

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  2. La práctica de la prudencia en tiempos de pandemia, ojalá y se transmita el mensaje, me gusto el enfoque, tenemos que salir de esta Ochenta

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