EN LA INGRATITUD DE UNOS NACE LA CREATIVIDAD DE OTROS


¿Qué efecto psicológico y emocional tiene para algunas personas que sus aportaciones, sus esfuerzos y sus méritos no sean reconocidos? ¿Qué actitudes y acciones desencadena en ellos la ingratitud por parte de su pareja, familiares, amigos, colegas y -por supuesto- jefes y supervisores?

¿Qué pasa cuando tus talentos no son apreciados? ¿Qué piensas acerca de tu persona cuando aquellos por quienes más te has esmerado e incluso por quienes has sacrificado proyectos y anhelos personales simplemente no pueden ver tus contribuciones, tu empuje y tus ganas de agregarles valor? ¿Te sientes bien contigo mism@? ¿Acaso no, incluso tu auto-imagen se disminuye un poco ante las muestras de ingratitud de otros?

¿Alguna vez te has sentido como si estuvieras vací@ y como si ya no tuvieras nada más que ofrecer? ¿De dónde viene esa sensación en la boca del estómago que es como una mezcla de despecho con derrota y una pizca -o quizá una tonelada- de resentimiento?

¿Con todas estas palabras previas logré que conectaras –aunque sea un poquito- con la emoción?

Bien, estoy seguro que es algo que todos hemos experimentado alguna vez en nuestra existencia. La triste y cruda realidad de la vida. Una de las máximas que –de entrada- debemos asumir y entender que es algo de lo más normal: la ingratitud de otros.

¿Pero por qué de lo más normal? ¿Acaso nuestros sentimientos no cuentan? ¿Acaso el reconocimiento y el agradecimiento no son pilares clave para una autoestima saludable y un mejor desempeño en lo personal y lo laboral? (puedes leer mi entrada El Reconocimiento: La llave del Alto Desempeño).

Sí, antes de continuar debo acotar algo: la ingratitud de otros es de lo más normal, incluso está bien. Te lo digo ahora para que, si no estás de acuerdo, no pierdas tu tiempo e interrumpas esta lectura de una vez.

Si sigues aquí, debo decirte que los primeros párrafos fueron escritos con la única finalidad de propiciar en ti la experiencia más humana del mundo: sentir. Si logré eso, me doy por bien servido.

Ahora bien, para continuar quiero que se des-dramatice la situación. Si bien la ingratitud de otros es percibida de múltiples formas, estoy seguro que estarás de acuerdo conmigo en los siguientes puntos:

  • Tu percepción es tuya, de nadie más. Y sólo tú eres responsable de cómo interpretas lo que ocurre a tu alrededor.
  • La ingratitud es un concepto muy subjetivo, que se aprecia completamente distinto dependiendo en qué posición te tocó jugar.
  • La palabra en sí misma tiene una enorme carga emocional. Nos recuerda los melodramas y las telenovelas. En la vida real, sólo es una percepción.
  • Nadie se propone ser ingrat@ por maldad. Piensa en tu “oponente” y date la oportunidad de humanizarle. ¿En verdad crees que su misión de vida es ser ingrat@ contigo?
  • Cuando percibes que alguien te “paga” con su ingratitud, pregúntate: ¿cómo me causé llegar a esta situación? ¿cómo provoqué que esta persona sea ingrata conmigo? (si acaso lo es).

Estoy seguro de que si te pruebas los puntos anteriores, con verdadera intención, la carga emocional del inicio disminuye considerablemente.

Porque si bien es cierto que algunas de las emociones más lacerantes surgen por efecto de una ingratitud recibida, también es verdad que la mayor parte de la película ocurre en nuestra cabeza.

Alto aquí, porque sí considero importante –al menos intentar- explicar el proceso mental a partir del cual nosotros calificamos a una persona de “ingrata”. Los puntos que vienen a continuación son nuestros diálogos internos, simples ideas que aparecen en la mente. Me usaré a mí mismo como ejemplo, sin embargo cuando hable de “ti” es hipotético. Te lo aclaro para no incomodarte:

  1. Yo soy tan bueno, y tan generoso que hago –según yo- una y mil cosas por ti.
  2. Acto seguido busco validación, te observo, quizá te lanzo indirectas para saber qué piensas.
  3. Tú no correspondes. Quizá ni siquiera te alegras por lo que hago. Tal vez hasta me reprendas por otras cosas que no hice.
  4. Me ofendo y me cierro. No veo lo que señalas, sino lo que yo esperaba de ti.
  5. Quizá te enojes y te desesperes. Mi actitud es la de un niño haciendo un berrinche.
  6. Yo me enojo más y más. ¡Cuánta ingratitud de tu parte! ¿No ves todo lo que hago por ti?
  7. Tú no comprendes mi reacción desproporcionada. Buscabas un resultado y obtuviste otra cosa…
  8. Yo insisto en señalar tu falta de gratitud, de empatía, de aprecio por mis acciones.
  9. Te hartas, te das por vencid@ y abortas la misión de comunicarte conmigo.
  10. Atribuyo esto último a tu falta de humanidad y de sensibilidad.

Después de 10 puntos en este episodio, ¿te suena familiar? No quise continuar porque lo que sigue es sólo una espiral descendente que no nos llevará a un mejor lugar en nuestro proceso de maduración emocional.

¿Puedes apreciar cómo la tormenta está –en este ejemplo- de mi lado? ¿Sí observas cómo el peso emocional está en mí y, además, contagio a la otra persona con él? ¿A qué conclusiones llegas? ¿Con qué frecuencia se presentan estas situaciones en tu vida? ¿Qué tan a menudo tomas decisiones basándote en esta clase de juicios, y quizá desde tu hogar hasta la oficina?

Soy de la creencia de que la comunicación es el puente entre dos personas, por más distintas que estas sean en ideología, cultura, educación, estilo de vida e, incluso, estatus social.

Si partimos de este supuesto, ¿cómo puedes utilizar tu comunicación de una manera más adulta, más consciente y más responsable? Antes de plantearte si alguien te está dando su ingratitud, te recomiendo que hagas lo siguiente conscientemente:

  1. No des nada que no te pidan, a menos que te responsabilices de que es tu decisión.
  2. Al momento de dar algo, pregúntate: ¿lo hago realmente por la otra persona o lo hago para recibir algo a cambio?
  3. En el caso de que lo hagas por la otra persona, ¿no es bastante remuneración para ti el hecho de hacerlo, en sí mismo? ¿No es ya un gran regalo poder dar algo?
  4. Si a pesar de todo lo anterior, sigues esperando algo a cambio, ¿no debería ser de lo más sencillo dialogarlo directamente con la persona y decirle “hey, he hecho todo esto”?
  5. Si después de hacer lo anterior, la respuesta no es la que buscabas, ¿acaso no te has dado cuenta de tu capacidad creativa para hacer algo por los demás? ¿No es eso suficiente?

Considero importante decirte que cuando das algo a los demás, cuando en ti existe la voluntad de hacer cosas por otros, estás desarrollando tu creatividad, dando prioridad a otras personas, a veces incluso por encima de tus propias necesidades. Y eso es algo hermoso y digno de ser reconocido, pero sólo por ti mism@. Reconocerte y valorarte en lo individual por esa grandiosa capacidad de DAR. Nadie más que tú puede valorar tus acciones, el costo temporal, emocional, intelectual, físico y mental de lo que haces por los demás. ¡No esperes reconocimiento, ni validación externa por ello! El único valor realmente importante es el que tú mism@ le otorgas a tu tiempo, a tu esfuerzo, a tus contribuciones y a tus talentos.

¿Qué si nunca más tuvieras que recibir agradecimiento por parte de nadie más en el mundo? ¿Qué si con tu propia valía fuera más que suficiente para desatar todo el potencial que vive en ti y que sólo necesita que lo liberes para ser compartido con el resto de la gente? ¿Qué si cada acción que llevas a cabo la haces por tu propia alegría de vivir  y tu capacidad creativa? ¿Por fin le quitamos todo el drama a eso que novelescamente llamamos ingratitud?

Realmente, la ingratitud no existe. Bueno sí, pero sólo en la mente de quien se cuenta la historia de que alguien más es ingrato con él/ella. Sólo en la mente de quien renuncia a la responsabilidad de reconocerse y valorarse a sí mism@ y le atribuye esa obligación a los demás. Sí, sé que duele, por eso desde el principio dije que es la cruda realidad: porque sólo tú te lastimas pensando así.

Por lo tanto, si crees que como pago a tu esfuerzo has recibido ingratitud por parte de otros, actúa a la inversa y agradéceles tú. Porque en las semillas de la ingratitud de unas personas germina la creatividad de otras. Siempre y cuando lo decidas así.

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