EN ESTOS TIEMPOS ES MÁS ÚTIL SER AMABLE, QUE SER INTELIGENTE


Cuando leí por primera vez sobre el Dr. Víctor Küppers en el periódico español La Vanguardia, inmediatamente me identifiqué con su análisis. Aunque ya había tomado un par de conferencias donde se hablaba de la psicología positiva –una nueva tendencia en el estilo educativo a nivel superior- no le había dado tanto peso hasta que comprendí su aplicación práctica gracias a lo que el Dr. Küppers dice. Este conferencista holandés, ovacionado a nivel mundial, es referente de un estilo de pensamiento donde no se estimula la creencia de que uno tiene la vida que desea, sino que enfocamos la vida como queremos, lo cual es muy distinto, y precisamente en ello se basa la psicología positiva.

Partiendo de este principio, él sostiene que la inteligencia es un don con el que nacemos los seres humanos. Sin embargo la amabilidad, las ganas de ayudar a los demás, y ser una buena persona son elecciones de los seres humanos, y precisamente por ello tienen más mérito.

Cuando comprendí la esencia de ese mensaje, varias ideas sueltas que habían pasado por mi mente a lo largo de mi vida profesional, simplemente tomaron sentido. Muchas veces me pregunté por qué había gente tan talentosa y capaz, que simplemente parecía no triunfar en la vida, o quizá tenía menos oportunidades que otros; y aquí es donde se reveló la parte de información que hacía falta ver en esos casos: no importando el IQ que tenga una persona, si la inteligencia no se combina con habilidades interpersonales, con las ya antes mencionadas “soft skills” (te invito a leer mi artículo aquí), cuya base es precisamente la inteligencia emocional, es poco probable que una persona altamente inteligente en áreas racionales o matemáticas –pero con escasa inteligencia para las relaciones humanas- pueda sacarle brillo a sus habilidades más de tipo técnico, por así decirlo.

Y es que hay que reconocer que vivimos en un mundo poblado por más de 6,000 millones de personas, en un planeta que está más conectado que nunca antes. Hoy es posible hacer negocios y trabajar con compañías en prácticamente todos los puntos del mundo. La digitalización en casi todas las áreas de nuestra vida ha roto fronteras. Hoy no necesitas tener una visa de trabajo ni dejar tu país para trabajar y hacer negocios en Nueva York, en Berlín, en Tokio o en Hong Kong. ¿Qué te dice esto? El talento de esos miles de millones de personas que habitamos el planeta está disponible para prácticamente cualquier compañía que lo desee. Hoy en día estamos expuestos a la competencia con talento humano proveniente de cualquier rincón del mundo. Es más, seguramente te habrás dado cuenta que conforme pasan los años ya no representa ninguna ventaja tener un título universitario, incluso contar con un máster ya no sorprende a nadie y es probable que forme parte de los requisitos de selección para posiciones que podrían considerarse junior en algunos corporativos.  ¿Acaso se habrán convertido en commodities, es decir, en elementos básicos del talento humano del siglo XXI? No vayamos muy lejos, las competencias digitales cada vez van permeando más en la fuerza laboral de todo el mundo. Conocimientos como marketing digital, diseño web, copywriting, edición audiovisual, programación básica, por mencionar algunas, son habilidades que cada vez más empresas “dan por hecho” o esperan que las tenga –previamente aprendidas- el talento que van a contratar, independientemente de su área de formación profesional.

Es por todo lo anterior que hace total sentido plantearse, ¿qué me puede dar una ventaja competitiva, no sólo para que me empleen, sino también para hacer negocios, ganar clientes, afianzar alianzas y desarrollar relaciones en el largo plazo? Desde este enfoque es un simple criterio: ser amable.

No quiere decir que la inteligencia no sea importante, nada más lejos de eso. Retomando las palabras del Dr. Küppers, “Un tonto motivado es un peligro. Pero la inteligencia sin bondad conduce a un mundo inmoral, falto de ética y perverso, donde sólo importan los beneficios.” Y aquí es donde se hace importante lograr la conciliación entre el saber, el hacer y el SER.

Es importante saber hacer las cosas, saber cómo y cuándo funcionan ciertas alternativas en vez de otras. Los libros y la experiencia nos dan eso. Sin embargo también importa decidir ser una persona noble, generosa, honesta, etc. Y para ello no hay una escuela, sino decisiones que se toman todos los días a cada momento. Entre más sabemos, más responsabilidad tenemos, ¿por qué? Porque el conocimiento nos indica los caminos buenos y los caminos malos para hacer las cosas que queremos. Emplear ese conocimiento de manera responsable, sustentable y respetuosa de nuestro entorno sí es una decisión que debemos hacer consciente en cada proyecto o acción que vamos a emprender.

Según Küppers, todos tenemos el potencial de ser buenas personas, lo difícil es realmente desearlo, proponérnoslo. Aplicado al entorno laboral, ¿con qué frecuencia apoyas a tu equipo? ¿Qué tan a menudo estás dispuesto a ayudar a que otra persona haga mejor su trabajo sin esperar nada a cambio? ¿Qué tan generoso eres para compartir lo que sabes sin pensar que si lo transmites a alguien más te haces menos valioso? Partamos de algo más simple, ¿saludas a tus compañeros? ¿Tienes una sonrisa cuando inicias una interacción con cada persona con la que te relacionas?

No pretendo ser romántico ni idealista, pero la amabilidad se ejercita desde las acciones más simples como ceder el paso, sostener la puerta para que otro pase, ayudar a quien no puede hacer algo, pedir las cosas en un tono cortés y posteriormente agradecerlo. Pequeñas acciones que hablan muchísimo de quién las ejecuta. ¿Y qué crees? Todo mundo se da cuenta de eso.

Estamos pasando por un momento difícil para la humanidad. Ni todos los avances tecnológicos, ni la evolución de la medicina, ni el poder económico de las súper potencias pudieron impedir que una pandemia global nos azotara, con sus respectivas repercusiones sociales, económicas, comerciales, psicológicas y emocionales. En una época donde la moral –en general- está baja, la inteligencia racional no suma tanto como la inteligencia emocional en los entornos de trabajo complejos. La amabilidad es el ingrediente que le da el toque humano a las interacciones de toda índole. Podría decirse, incluso, que es lo que nos diferencia de un mundo donde las máquinas lo hagan todo.

Porque muchas calamidades en el mundo, como dictaduras, guerras, atentados y masacres han sido concebidos en las mentes más brillantes e inteligentes; bien valdría la pena preguntarnos cómo educamos desde la bondad y la generosidad a quienes vienen detrás nuestro, en aras de dejarles un mundo más sustentable, más humano, más amable.

“Haz cosas ambiciosas –viaja, hazte famoso, innova, lidera, hazte rico- pero mientras lo haces, esfuérzate por ser amable”, George Saunders (escritor estadounidense).

Categorías:Capital Humano, Empatía, Empresas, Entorno Laboral,, Habilidades, Habilidades Interpersonales, Habilidades Sociales, Management, Mindset, Negocios, Recursos Humanos, Relaciones Humanas, Skills,, Talento,, Trabajo, Vida LaboralEtiquetas: , , ,

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